Todo tiene razón de Ser

 
Algunas veces, las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos cuenta de que esto pasa porque debe de ser así, para servir un propósito, para enseñar una lección, para descubrir quiénes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar. 
Tú no sabes quiénes son estas personas, pero cuando fijas tus ojos en ellas, sabes y comprendes que afectarán tu vida de una manera profunda. 
Algunas veces te pasan cosas que parecen horribles, dolorosas e injustas, pero en realidad entiendes que si no superas estas cosas nunca habrías realizado tu potencial, tu fuerza, o el poder de tu corazón. 
Todo pasa por una razón en la vida.
Nada sucede por casualidad o por la suerte... Enfermedades, heridas, el amor, momentos perdidos de grandeza o de puras tonterías, todo ocurre para probar los límites de tu alma. Sin estas pequeñas pruebas la vida sería como una carretera recién pavimentada, suave y lisa. 
Una carretera directa sin rumbo a ningún lugar, plana, cómoda y segura, mas empañada y sin razón. La gente que conoces afecta tu vida; las caídas y los triunfos que tú experimentas crean la persona que eres. Inclusive se puede aprender de las malas experiencias.
Es más, quizás sean las más significativas en nuestras vidas. Si alguien te hiere, te traiciona o rompe tu corazón, le das las gracias porque te ha enseñado la importancia de perdonar, de dar confianza y de tener más cuidado de a quien le abres tu corazón. Si alguien te ama, ámalo tú también no porque él o ella te amé, sino porque te han enseñado a amar y a abrir tu corazón y tus ojos a las cosas pequeñas de la vida.
 
Haz que cada día cuente y aprecia cada momento, además de aprender de todo lo que puedas, porque quizás más adelante no tengas la oportunidad de aprender lo que tienes que aprender de este momento. Entabla una conversación con gente con quien no hayas dialogado nunca, escúchalos y presta atención. 
Permítete enamorarte, liberarte y poner tu vista en un lugar bien alto. Mantén tu cabeza en alto porque tienes todo el derecho de hacerlo.
Repítete a ti mismo que eres un individuo magnífico y créelo; si no crees en ti mismo nadie más lo hará tampoco. Crea tu propia vida, encuéntrala y luego vívela...
No olvides que Dios tiene un plan maravilloso para cada uno de nosotros, y debemos aprender a descubrirlo.
 
Autor: desconocido
 
MICRO-REFLEXIÓN:
"Crea tu propia vida, encuéntrala y luego vívela... No olvides que Dios tiene un plan maravilloso para cada uno de nosotros, y debemos aprender a descubrirlo"




Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

Un ejemplo de Vida


«Me acuerdo perfectamente --revelaba en aquella ocasión--. Me encontraba allí, era una niña de trece años, sola, enferma, débil. Había pasado tres años en un campo de concentración alemán, a punto de morir. Y (él) me salvó la vida, como un ángel, como un sueño venido del cielo: me dio de beber y de comer y después me llevó en sus espaldas unos cuatro kilómetros, en la nieve, antes de tomar el tren hacia la salvación».

Edith Zirer narra el episodio como si hubiera sucedido ayer. Era una fría mañana de primeros de febrero de 1945. La pequeña judía, que todavía no era consciente de ser el único miembro de su familia que sobrevivió a la masacre nazi, se dejó llevar en los brazos de un seminarista de casi 25 años, que unos meses antes ya había recibido la ceremonia de la tonsura, alto y fuerte, que sin pedirle nada, simplemente le dio un rayo de esperanza.

Edith tiene 66 años y dos hijos y vive en una hermosa casa ubicada en las colinas del Carmelo, en la periferia de Haifa. Reconstruyó su vida en Israel, donde llegó en 1951, cuando todavía padecía las lacras de la tuberculosis y los fantasmas de la guerra alteraban sus sueños.

Durante muchos años se había guardado esta historia. Cuando en 1978, el subió a la cátedra de Pedro, comenzó a sentir la necesidad de hablar, de contarlo a alguien, de mostrar su agradecimiento. La pregunta surge inmediatamente: pero, ¿cómo puede estar segura de que aquel seminarista es él ? Los periodistas de «Kolbo», el semanario de Haifa que en 1998 descubrieron por primera vez su testimonio, afirman: «El relato es convincente. No trata de hacerse publicidad, todos los detalles que ofrece parecen creíbles», dicen los redactores.

La narración habla por sí misma. «El 28 de enero de 1945 los soldados rusos liberaron el campo de concentración de Hassak, donde había estado encerrada durante casi tres años trabajando en una fábrica de municiones --explica Edith, quien entonces tenía trece años--. Me sentía confundida, estaba postrada por la enfermedad. Dos días después, llegué a una pequeña estación ferroviaria entre Czestochowa y Cracovia». Precisamente en Cracovia, (él)se preparaba para recibir la ordenación sacerdotal.

«Estaba convencida de llegar al final de mi viaje. Me eché por tierra, en un rincón de una gran sala donde se reunían decenas de prófugos que en su mayoría todavía vestían los uniformes con los números de los campos de concentración. Entonces (él) me vio. Vino con una gran taza de té, la primera bebida caliente que había podido probar en las últimas semanas.

Después me trajo un bocadillo de queso, hecho con pan negro polaco, divino. Pero yo no quería comer, estaba demasiado cansada. El me obligó. Después me dijo que tenía que caminar para coger el tren. Lo intenté, pero me caí al suelo. Entonces, me tomó en sus brazos, y me llevó durante mucho tiempo.

Mientras tanto la nieve seguía cayendo. Recuerdo su chaqueta marrón, la voz tranquila que me reveló la muerte de sus padres, de su hermano, la soledad en que se encontraba, y la necesidad de no dejarse llevar por el dolor y de combatir para vivir. Su nombre se grabó indeleblemente en mi memoria».

Cuando finalmente llegaron hasta el convoy destinado a llevar a los detenidos hacia Occidente, Edith se encontró con una familia judía que le puso en guardia: «Atenta, los curas tratan de convertir a los niños judíos». Ella tuvo miedo y se escondió. «Sólo después comprendí que lo único que quería era ayudarme. Ahora quiero agradecérselo personalmente».

¿A quién?, a Karol Wojtyla


MICRO-REFLEXIÓN:

"Solo quien lleva a Jesús en su interior, puede verlo en el prójimo, a través de la Fe y el Amor" –

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

La verdadera Felicidad.. muchas veces esta en las cosas aparentemente mas Simples



Dos hermanitos en puros harapos, provenientes del arrabal, uno de cinco años y el otro de diez, iban pidiendo un poco de comida por las casas de la calle que rodea la colina, estaban hambrientos. ’Vaya a trabajar y no moleste’, se oía detrás de la puerta; ’aquí no hay nada pordiosero...’, decía otro...



Las múltiples tentativas frustradas entristecían a los niños... Por fin, una señora muy atenta les dijo: ’Voy a ver si tengo algo para ustedes... ¡Pobrecitos!’

Y volvió con una latita de leche.

¡Qué fiesta! Ambos se sentaron en la acera. El más pequeño le dijo al de diez años: ’tú eres el mayor, toma primero...y lo miraba con sus dientes blancos, con la boca medio abierta, relamiéndose’.


Yo contemplaba la escena como tonto... ¡Si vieran al mayor mirando de reojo al pequeñito...! Se lleva la lata a la boca y, haciendo de cuenta que bebía, apretaba los labios fuertemente para que no le entre ni una sola gota de leche. Después, extendiéndole la lata, decía al hermano: ’Ahora es tu turno. Sólo un poquito.’ Y el hermanito, dando un trago exclamaba:’ ¡Está sabrosa!’ ’Ahora yo’, dice el mayor. Y llevándose a la boca la latita, ya medio vacía, no bebía nada. ’Ahora tú’, ’Ahora yo’, ’Ahora tú’, ’Ahora yo’... Y, después de tres, cuatro, cinco o seis tragos, el menorcito, de cabello ondulado, barriguita, con la camisa afuera, se acababa toda la leche... él solito.



Esos ’ahora tú’, ’ahora yo’ me llenaron los ojos de lágrimas... Y entonces, sucedió algo que me pareció extraordinario. El mayor comenzó a cantar, a danzar, a jugar fútbol con la lata vacía de leche.

Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría. Brincaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario, o aún mejor, con la naturalidad de quien está habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles la mayor importancia.


De aquél muchacho podemos aprender una gran lección: ’Quien da es más feliz que quien recibe.’


Es así que debemos amar. Sacrificándonos con tanta naturalidad, con tal elegancia, con tal discreción que los demás ni siquiera puedan agradecernos el servicio que les prestamos. ¿Como podrías hoy encontrar un poco de esta "felicidad" y hacer la vida de alguien mejor, con más "gusto de ser vivida"?


¡Adelante, levántate y haz lo que sea necesario!

Cerca de nosotros puede haber un amigo que necesita de nuestro hombro, de nuestro consuelo y, quizá aún más, de un poco de nuestra paz.... ¿Preparados para escuchar?


Cuando escuchamos los lamentos ajenos, y consolamos el llanto de un amigo, nos volvemos más fuertes y al oír toda su historia, salimos con ella más fortalecidos, con más experiencia, porque al oír y dividir las penas.... aprendemos
  

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

La Anciana y las Semillas-bella Historia para Reflexionar en nuestros Actos



Había una vez......

Un hombre que subía cada día al autobús para ir al trabajo

Una parada después, una anciana subía al autobús y se sentaba al lado de la ventana

La anciana abría una bolsa y durante todo el trayecto,
Iba tirando algo por la ventana,

Siempre hacía lo mismo y un día, intrigado, el hombre
Le preguntó qué era lo que tiraba por la ventana.

- ¡Son semillas! - le dijo la anciana.

- ¿Semillas? ¿Semillas de qué?

De flores es que miro afuera y está todo tan vacío...

Me gustaría poder viajar viendo flores durante todo el camino. ¿Verdad que sería bonito?

-Pero las semillas caen encima del asfalto,
Las aplastan los coches, se las comen los pájaros...
¿Cree que sus semillas germinarán al lado del camino?

-Seguro que sí. Aunque algunas se pierdan,
Alguna acabará en la cuneta
Y, con el tiempo, brotará.

Pero...tardarán en crecer, necesitan agua...

- Yo hago lo que puedo hacer. ¡Ya vendrán los días de lluvia!

La anciana siguió con su trabajo...
Y el hombre bajó del autobús para ir a trabajar,
Pensando que la anciana había perdido un poco la cabeza.

Unos meses después...

Yendo al trabajo, el hombre, al mirar por la ventana,
Vio todo el camino lleno de flores...

¡Todo lo que veía era un colorido y florido paisaje!

Se acordó de la anciana, pero hacía días que no la había visto. Preguntó al conductor:

-¿La anciana de las semillas?
-Pues, ya hace un mes que murió.

El hombre volvió a su asiento y siguió mirando el paisaje.

«Las flores han brotado, se dijo,
Pero ¿de qué le ha servido su trabajo? No ha podido ver su obra».

De repente, oyó la risa de un niño pequeño.
Una niña señalaba entusiasmada las flores...

¡Mira, padre! ¡Mira cuantas flores!

¿Verdad que no hace falta explicar mucho el sentido de esta historia?

La anciana de nuestra historia había hecho su trabajo, y dejo su herencia a todos los que la pudieran recibir, a todos los que pudieran contemplarla y ser más felices.

Dicen que aquel hombre, desde aquel día,

Hace el viaje de casa al trabajo
Con una bolsa de semillas que va
Arrojando por la ventanilla

No dejes de sembrar cosas buenas...

Alguien siempre recogerá tu siembra....

QUE TENGAS UN HERMOSO DÍA....
 

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

Nunca menosprecies a los demás, no sabes cuando puedes necesitar de Ellos



 
Cuando el Dr. Martín era joven alumno de la escuela de medicina, estaba profundamente convencido de la estupidez que suponía llenar el mundo de enfermos incurables y seres inválidos. Defendía ardientemente la eutanasia y acostumbraba a discutir esos temas con sus compañeros de clase.

- Pero si esa es precisamente nuestra misión -le contestaban-. Estamos aquí para cuidar del cojo, el lisiado y el ciego.

-La misión del médico -replicaba siempre Martín- es sanar a los enfermos, y si no existe remedio, lo mejor es que mueran.

Ya cursaba el último año de estudios cuando, cumpliendo sus deberes fuera del hospital, asistió en un barrio pobre de la ciudad al alumbramiento de un inmigrante alemana.

Era el décimo chiquillo que la mujer traía al mundo y había nacido con una pierna bastante más corta que la otra. La fuerza de la costumbre hizo al médico soplar en la boca de la criaturita para iniciar la respiración, pero un momento después pensó: "¡Qué demonios! Está condenado a caminar toda la vida con su desdichada pierna. Los otros chicos le llamarán Pata-corta. ¿Para qué hacerle vivir? El mundo no lo necesita para nada".

Sin embargo, su instinto de médico era muy fuerte y no le permitió abandonar aquel par de pulmoncitos cuyo funcionamiento había que iniciar. Volvió a la tarea.

Por fin llegó el soplo de aliento que esperaba, se coloreó la cara del nene y un débil vagido salió de sus labios.

El médico recoge su estuche y se marcha. Mientras atraviesa la ciudad se va haciendo reproches. "¡No sé por qué lo he hecho!... ¡Ya hay demasiados chiquillos en esa miserable casa! ¿Por qué he salvado a esta criatura imposibilitada? El mundo estaría mejor sin la carga de los inválidos".

Pasaron los años. El doctor se estableció en una pequeña población fabril donde se creó gran clientela. Su radicalismo juvenil, se había desvanecido y él mismo no era ya más que otro médico laborioso y siempre fatigado que trabajaba como un burro para que la gente siguiese viviendo, aun cuando fuese mejor que se muriera. El viejo Hipócrates había ganado la partida.

No se libró el doctor de su carga de penas. Su único hijo y su nuera murieron en un accidente de automóvil, dejando una niñita de cuya crianza tuvo que encargarse. Aquella nietecita era su adoración. El verano que cumplió los diez años, Ana despertó una mañana quejándose de rigidez del cuello y extraños dolores en brazos y piernas.

Al principio pensaron que era parálisis infantil, pero resultó ser una infección virulenta tan poco frecuente que sólo ha merecido breves referencias en los tratados médicos. En toda su larga práctica profesional, el propio Dr. Martín no había encontrado un sólo caso de aquel mal. Consultó a especialistas neurólogos que movieron la cabeza con desaliento y dijeron que no se conocía remedio para la enfermedad, cuyos progresos eran lentos, pero acababa siempre en parálisis de mayor o menor grado.

Sin embargo, hay un médico joven en el Oeste -dijo al doctor uno de los especialistas- que ha escrito recientemente un artículo sobre los éxitos obtenidos por él en algunos casos de esta enfermedad. Se llama T. J. Méndez. Si yo me encontrase en la situación de usted, iría a verlo.

El doctor voló con Ana a la pequeña clínica particular donde el Dr. Méndez había puesto en práctica el nuevo y revolucionario tratamiento terapéutico para los varios tipos de enfermedades que causan lesión. El Dr. Martín observó que su colega cojeaba pronunciadamente.

-Esta pierna corta me coloca entre el grupo de los lisiados - - dijo el Dr. Méndez al observar la mirada de su visitante-. Los chicos me llaman Pata-corta. Yo se lo permito y a ellos les encanta. La verdad es que me gusta más que mi verdadero nombre, Tadeo, que siempre me ha parecido un poco ceremonioso. Como a muchos chiquillos, me pusieron el nombre del joven estudiante de medicina que me trajo al mundo. El Dr. Tadeo Martín tragó saliva, recordando que en aquella ocasión se había dicho a sí mismo: "El mundo no lo necesita para nada". ¡Cuán ciego era en aquel tiempo! Alargó la mano al médico y cuya ciencia haría posible que Ana volviese a caminar, y dijo:

Es mejor ser lisiado que ciego.

"Las puertas de la misericordia divina se abren no sólo con el impulso de la mano de mi Madre, sino hasta con su simple mirada"
 

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.