DILO AHORA...MAÑANA PUEDE SER TARDE

 
La historia cuenta que un chico llamado Hugo nació enfermo, con sus capacidades mentales disminuidas. Con 17 años, poco podía hacer por si solo y vivía bajo el cuidado de su madre.

Cierto día sintió la necesidad de salir a pasear solo, al pasar por un negocio de música, notó la presencia de una chica y quedó impactado por su belleza, sin mirar otra cosa que no fuera a ella, abrió la puerta y entró.



Ella lo miró y le dijo sonriente: "¿Te puedo ayudar en algo?" Hugo se quedó sin palabras, atónito ante tanta belleza. Y sólo sentía amor hacia ella. Sin saber qué decir, preguntó los precios de los CD y compró uno al azar.


La chica le sonrió mientras le envolvía el CD. Hugo lo tomó y salió corriendo. Desde ese momento, ni un solo día dejó de visitar el negocio y, con la excusa de comprar un CD. lo que quería era ver a esa chica por la que sentía un profundo amor.

Ella siempre se los envolvía sonriente y él se los llevaba a su casa y los guardaba en su habitación. Su deseo era invitarla a salir pero lo traicionaba su timidez y aunque cada día lo intentaba no pudo hacerlo.


Su mamá se enteró de lo que ocurría e intentó animarlo, así que al siguiente día, Hugo se armó de coraje y se dirigió a ella. Como todos los días compro otra vez un CD y, como siempre, ella se lo envolvió.


El tomó el CD y mientras ella estaba ocupada, dejó su número de teléfono rápidamente anotado en el mostrador y salió corriendo de la tienda. Pasaron varios días y Hugo no volvió, por lo que la chica llamó al teléfono que le había dejado. Su mamá contestó. Cuando ella preguntó por Hugo, la madre llorando desconsolada, le dijo que su hijo había muerto.

Más tarde; la mamá entró al cuarto de su hijo donde comenzó a ordenar sus cosas, para su sorpresa vio que había cantidades de CD envueltos, ninguno estaba abierto. Le causó curiosidad verlos de esa manera y comenzó a revisarlos. Al abrir el primero noto que junto al CD, había un pequeño papel que decía: "Hola, eres muy guapo, ¿quieres salir conmigo?" Sofía

Con gran emoción, la madre abrió los demás y siempre encontró la misma nota con las mismas palabras.


“No esperes demasiado para decirle a ese alguien especial lo que sientes en tu corazón. Hoy tienes la oportunidad de pedirle a Jesús que sea el Señor de tu vida, que perdone tus pecados y que venga a morar dentro de ti. Díselo hoy. Mañana puede ser muy tarde”


Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

LA LLEGADA DEL SEÑOR


 
El ruido y el bullicio empezaron más temprano de lo habitual en el pueblo. A medida que la noche daba paso al alba, el gentío empezaba a volcarse en las calles. Los vendedores ambulantes se colocaban en las aceras de las avenidas más transitadas. Los tenderos abrían las puertas de sus establecimientos. Los niños eran despertados por los nerviosos ladridos de los perros callejeros y las quejas de los burros que tiraban de los carros.
El dueño de la posada había despertado más temprano que la mayoría de los habitantes del pueblo. Al fin y al cabo, todas las camas estaban ocupadas y también todos los colchones y mantas. En poco tiempo, todos los huéspedes estarían despiertos y habría mucho que hacer.

La imaginación se aviva al pensar en la conversación del mesonero y su familia mientras desayunaban. ¿Mencionarían la llegada de una joven pareja la noche anterior? ¿Preguntarían si se encontraban bien? ¿Comentarían que la joven que montaba el burro estaba embarazada? Quizá alguien sacara el tema a colación. Pero, en el mejor de los casos, si alguien lo dijo, no fue tema de conversación. No tenía nada de novedoso. Quién sabe si sería una más de varias familias a las que se dio aquella noche con la puerta en las narices.

Además, ¿quién tenía tiempo para conversar en medio de tanta conmoción? Augusto había hecho un favor a la economía de Belén al decretar el empadronamiento. No se recordaba tanta actividad comercial en el pueblo.

No. Es poco probable que se comentara la llegada de la pareja o se preguntara cómo estaría la joven. Todos estaban demasiado ocupados. Había que hacer el pan y ocuparse de otros quehaceres de la mañana. Estaban tan ocupados que nadie podía imaginar que había ocurrido el mayor evento del mundo.

Dios había venido al mundo hecho hombre.

Sin embargo, si alguien se hubiera asomado a aquel establo de las afueras de Belén esa mañana, habría contemplado una escena bastante peculiar. El olor nauseabundo como de todo establo. Cuelgan telarañas del techo y un ratón pasa corriendo por el piso. El suelo es duro y la paja escasa. No podía haber un lugar más humillante.

Unos pastores están sentados silenciosamente en el suelo; se ven respetuosos y asombrados. Una luz cae del cielo al lugar y una sinfonía de ángeles había interrumpido la vigilia aquella noche. Dios se dirigió a unos sencillos pastores.

Cerca de la joven madre está el padre, cansado. Si alguien está quedándose dormido, es él. No recuerda cuándo fue la última vez que se sentó. Y ahora que la conmoción ha amainado un poco María y el Niño están cómodos, se apoya contra el muro del establo y siente que se le cierran los párpados. No termina de entender. El misterio de lo ocurrido aún le da vueltas en la cabeza. Pero no tiene las fuerzas para batallar con preguntas. Lo que importa es que el Niño está bien y María a salvo. Mientras se queda dormido, recuerda el nombre que el ángel le dijo que pusiera a la criatura: Jesús. «Lo llamaremos Jesús.»

María está muy despierta. ¡Qué aspecto tan joven tiene! Descansa la cabeza sobre el suave cuero de la silla de montar de José. El dolor ha quedado eclipsado por el asombro. Contempla el rostro del Niño. Su hijo. Su Señor. Su majestad. 
En este momento de la historia, no hay entre los humanos quien comprenda mejor quién es Dios y lo que Él hace: que una joven que se encuentra en un establo maloliente no pueda apartar los ojos de Él. María sabe, aunque no lo entienda muy bien, que tiene a Dios en sus brazos. Este es. Recuerda las palabras del ángel: «Su Reino no tendrá fin»
No se parece nada a un rey. Tiene el rostro rojizo. Su llanto, aunque fuerte y sano, es el llanto agudo de un recién nacido indefenso. Y depende en todo de María.

Su majestad, en un ambiente prosaico a más no poder. El más santo, en medio del excremento y el sudor. Dios llega al mundo en el suelo de un establo, a través del vientre de una joven y en presencia de un carpintero.

Pone la mano en la cara del Niño Dios. ¡Qué largo fue Tu viaje!

Aquel Niño había contemplado el universo. Los trapos que lo mantienen abrigado fueron los mantos de la eternidad. Cambió Su trono por un sucio redil. Y los ángeles que lo adoraban han sido reemplazados por pastores desconcertados.

Mientras tanto, la ciudad bulle de actividad. Los mercaderes no son conscientes de que Dios visita su planeta. El mesonero jamás creería que acababa de enviar a Dios a pasar frío. Y la gente se burlaría de quien afirmara que el Mesías estaba en brazos de una chiquilla a las afueras de su pueblo. Todos estaban demasiado ocupados para tener en cuenta esa posibilidad.

Los que se perdieron la llegada de Su majestad aquella noche no se la perdieron por maldad ni malicia. Se la perdieron simplemente porque no estaban atentos.

Poco ha cambiado en los últimos dos mil años, ¿verdad?

¿Es cierto? ¿Será verdad algo tan extraordinario, que un Niño muy singular fuese a nacer en un establo?

“El Dios de amor, el más grande se hizo Niño por salvarnos”
 

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.