Hoy sere Feliz



               
Hoy seré feliz. Expulsaré de mi espíritu todo pensamiento triste. Me sentiré más alegre que nunca. No me lamentaré de nada.

Hoy agradeceré a Dios la alegría y felicidad que me regala. Hoy trataré de ajustarme a la vida. Aceptaré el mundo como es y procuraré encajar en él. Si sucede algo que me desagrada, no me mortificaré, ni lamentaré: agradeceré que haya sucedido. Porque así se puso a prueba mi voluntad de ser feliz.

Hoy seré dueño de mis sentimientos, de mis nervios, de mis impulsos. Para triunfar tengo que tener dominio de mí mismo. Hoy trabajaré alegremente, con entusiasmo y pasión. Haré de mi trabajo una diversión. Comprobaré que soy capaz de trabajar con alegría. Comprobaré mis pequeños triunfos, no pensaré en los fracasos.

Hoy seré amigable. No criticaré a nadie. Si comienzo a criticar una persona, cambiaré la crítica por elogios; toda persona tiene sus defectos y sus virtudes. Olvidaré los defectos y concentraré mi atención en las virtudes. Hoy evitaré discusiones desagradables.

Hoy voy a eliminar dos plagas: la prisa y la indecisión. Hoy viviré con calma, con paciencia, porque la prisa es la enemiga de una vida feliz y triunfante. No permitiré que la prisa me acose ni que la impaciencia me abrume. Hoy tendré confianza en mí mismo.

Hoy no envidiaré a los que tienen más dinero, más belleza o más salud que yo. Contaré mis bienes y no mis males. Compararé mi vida con otros que sufren más.

Hoy no tendré miedo. Actuaré valientemente. El futuro me pertenece.

Hoy no pensaré en el pasado. No guardaré rencor a nadie. Practicaré la ley del perdón. Asumiré mis responsabilidades y no echaré la culpa a otras personas. Hoy comprobaré que Dios me ama y me premia con su amor. Hoy haré un bien a alguien. Seré cortés y generoso.

Trataré de pagar un mal con un bien. Al llegar la noche comprobaré que Dios me premió con un bien. Al llegar la noche comprobaré que Dios me premió con un día de plena felicidad. Y mañana haré otro día como hoy.
 

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Vida Sin Limites



 



Una mujer de 55 años visitaba a su hijo de 23 en la cárcel. Él estaba ahí por homicidio culposo ya que había atropellado a un niño al entrar a alta velocidad en una calle en sentido contrario tratando de escapar de una patrulla que lo perseguía por haberse pasado un alto.



Fue ingresado al penal completamente destrozado de los huesos y en silla de ruedas ya que, el padre del pequeño muerto se le fue a golpes, y el policía -que ya estaba justo detrás- se hizo de la vista gorda y no lo detuvo hasta que casi lo mata.



El hijo hablaba con su madre y le decía:



- "¿Sabes mamá? yo no soy un asesino premeditado ni un maldito desalmado, pero he concluido que estoy aquí porque toda mi vida aprendí y me acostumbré a romper reglas y a no cumplirlas? ¡Jamás tuve ningún límite?!"



- "¡Ay hijo!!!, es que desde que eras chiquito te ponías taaaan difícil? cada vez que yo te daba una orden o una instrucción, me desafiabas y hacías unos terribles berrinches, tanto, que yo no lo soportaba y te dejaba hacer y deshacer con tal de evitarme conflictos, sólo así te mantenías calladito y complacido, pues temía tanto que tu padre me dijera: ¡calla a ese niño!!!



Desde que tenías 3 o 4 años, cuando yo te decía:



- "Hijo, cómete tus verduras para que crezcas sano y fuerte?"



Tú me gritabas:



- "¡Yo no quiero ser sano ni fuerte, no me importa! Déjame en paz?"



- "Por favor, recoge tu cuarto"



Y groseramente me respondías:



- "No voy a recoger nada, así estoy contento, ¡si quieres recógelo tú!"



- "No destruyas las cosas, cuídalas"



A lo que toscamente me decías;



- "No me importa yo quiero jugar así, y si no me compras cosas nuevas gritaré y lloraré hasta que me las compres?"



- "Soy tu madre y me debes de obedecer, en esta casa se hace lo que yo digo"



- "¡No mamá, no lo haré ¡ya no te quiero y si me hablas así, me voy a ir de la casa y tú serás la culpable si algo me pasa".



Yo siempre tratando de hacerte entrar en razón, pero tus desplantes y contestaciones eran los mismos; siempre fuiste un hijo muy rebelde?"



El hijo interrumpió a su madre gritándole...



-"¡¡Basta madre!!! Sólo dime ¿cómo fue que siendo tú una persona adulta pudiste obedecer y dejarte vencer por un niño taaaan chiquito....? Hoy a mis 23 años estoy destrozado, infeliz y sin futuro, de nada sirvió que estudiara y que no hayamos sido pobres, ¡le quité la vida a una criatura! y de paso arruiné mi vida, la tuya y la de mi padre? Y todo por no enseñarme a tiempo que hay límites, por ser unos padres apáticos, miedosos y blandengues... La vida en la cárcel es una miseria..."



Ahora una pregunta para ti, padre:



Si tu hijo estuviera a punto de caer en un precipicio y tú lo estuvieras sosteniendo de la mano?



¿Lo apretarías con todas tus fuerzas o lo sostendrías de la mano suavemente para que no le doliera?



Lo mismo pasa con los valores, la disciplina y las reglas: Tienes que ser responsable y apretarlo fuerte, sólo así lo salvaras del precipicio de la vida en sociedad, porque nadie a quien él dañe con su indisciplina va a tener compasión de él. Si tú, que le diste la vida y lo amas, no soportas sus berrinches, ¿qué te hace pensar que los demás lo harán?



Un grito a tiempo, unas nalgadas, una palmada, un castigo bien impuesto, sin afán de maltratarlo o herirlo, sino por "SU BIEN", motivados por el amor, con el propósito de enseñar y corregir; y cuando el mal comportamiento persiste pese a haber intentado antes agotar las palabras, las explicaciones y las mediaciones con el niño.



Tal vez eso le deje una pequeña huella pero lo hará sentir seguro y tendrá bien clara la diferencia entre el bien y el mal, y se dará cuenta que si lo cuidas y lo educas bien es porque LO AMAS y no porque te importa más tu comodidad y tu tiempo libre.



Evítale la infelicidad de la disciplina impuesta por la sociedad y/o la ley o hasta la muerte a manos de otros o el suicidio por la culpa de sus propias faltas.



No eches este consejo en saco roto





MICRO-REFLEXIÓN:



"El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige" (Prov. 13:24)



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"O instante como vales, ojalá duraras siempre-"FAUSTO


 
"En este mundo sólo existen dos tragedias. Una es no obtener lo que deseamos, y la otra es obtenerlo" escribió alguna vez Oscar Wilde. De momento esta frase se antoja contradictoria; bien analizada, nos avisa que por más bienes que acumulemos, y metas que logremos, en el fondo nos sentimos insatisfechos. Una vez que se consigue lo deseado: poder, fortuna, reconocimiento, etc., nos damos cuenta que no era esto lo que buscábamos. Eso sólo se realiza después de haber sacrificado mucho por obtenerlo: tiempo de familia, amigos, descanso, salud, etc.. La satisfacción que requiere el alma, parece no llegar junto con esto.

Goethe, el escritor alemán nos cuenta esta permanente búsqueda del ser humano en su poema "Fausto." Obra que inicia a los 20 años, la retoma a los 40, y la termina antes de morir a los 83. En este proceso, él mismo refleja los cambios interiores que sufrió, en la búsqueda constante de encontrarle el verdadero sentido a la vida.

Fausto, un sabio científico de mediana edad, se da cuenta que ha sido infeliz, que ha sacrificado en vano la alegría de vivir, en aras de la ciencia. En el poema dice:

"Y he estudiado, ¡ay de mí!, filosofía, jurisprudencia y hasta medicina; y también desdichadamente, teología. De la cima a la sima, con tenaz ardor. Y heme ahora aquí, pobre necio; tanto sé cómo sabía antes.(?)"

Un día piensa en lo terrible que sería morir sin haber encontrado nunca lo que es estar realmente vivo. Por lo tanto decide hacer un pacto con el diablo. En este pacto, le entregaría su alma en él más allá, a cambio de vivir por lo menos -un instante- en el que el de verdad pudiera decir: "O instante como vales, ojalá duraras siempre" De no ser así, el diablo perdería la apuesta.

Mefistófeles le concede la totalidad de los placeres: lo rejuvenece, le proporciona dinero, poder, el amor de las mujeres, capacidad de viajar a cualquier parte, etc. Fausto lo vive y lo tiene todo. Sin embargo la sed que siente por dentro, no es saciada.

Por más batallas que gana, por más fortuna que acumula, por más mujeres que conquista, sigue infeliz.

Goethe, en la última parte de la obra, ya con 82 años, nos muestra a un Fausto, que junto con él, ha envejecido. El personaje se dedica a construir diques para recuperar tierras del mar, para que de esta manera, puedan vivir y trabajar muchas personas.

Antes de morir, encuentra el regocijo de pensar que un día se pueda contemplar esas tierras llenas de vida y libertad. Es entonces cuando por primera vez pronuncia las palabras que jamás debió decir, y exclama "O instante como vales, ojalá duraras siempre" Pierde la apuesta con el diablo, pero gana sustancialmente. Su espíritu, finalmente, encuentra la paz.

Logra esto, hasta que es capaz de traspasar las fronteras de sí mismo, y hacer algo en beneficio de los demás.

Lo triste de la historia, me parece, es que este personaje encuentra el sentido a su vida hasta la vejez. ¡Cuántos años desperdiciados! Goethe nos lo advierte, lo comparte, y a través de su poema nos invita a la reflexión. El infierno para él, era tenerlo todo y saber que todavía le faltaba algo.

¿Cuantas veces, en ese afán de alcanzar un éxito económico, de medir nuestra propia capacidad, de concentrarnos en ser reconocidos, nos sucede lo mismo? Equivocadamente invertimos tiempo, esfuerzo y dinero en nuestra persona, para superarnos, para ser mejores, para poder tener un mejor nivel, creyendo que es este el camino para obtener la felicidad. La propia búsqueda nos genera angustia, ya que nunca le encontramos fin a nuestra sed. Lo que encontramos es sólo un espejismo de la felicidad.

Al mismo tiempo, la sociedad gratifica y celebra nuestros logros. Nos ciegan las palabras de elogio que escuchamos, nuestro ego interior se hincha de orgullo, y casi nos creemos felices; sin embargo en el fondo falta algo.

Al final del día, cuando estamos solos, sabemos que hemos dejado lo importante de lado. Quizá hemos dejado a un hijo sin escuchar por acudir a la cita, quizá nos hemos vuelto más irascibles e impacientes con nuestros compañeros de trabajo, la conversación con nuestra pareja se ha reducido a lo indispensable y a los amigos, los hemos descuidado.

Sin darnos cuenta que eso que falta, ese vacío que sentimos y buscamos llenar con afán por todos lados, lo tenemos enfrente de nosotros. Es el otro. Es solo a través de alguien distinto de mí, que visto con amor, con entrega, con interés por su bienestar y superación, podemos encontrarle sentido a nuestras vidas. El alma no se contenta con el conocimiento, el poder o el dinero, necesita que esto se utilice en el servicio a los demás. Bien dice el dicho, "La felicidad es una puerta que se abre hacia fuera"

Si de alguna manera, nos reconocemos en Fausto, ojalá nos sirva este maravilloso poema de Goethe, para que antes de llegar a la vejez, podamos decir con alegría: "O instante como vales, ojalá duraras siempre"


MICRO-REFLEXIÓN:

"Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que yo pueda hacer a algún ser humano debo hacerlo ahora, porque no pasare de nuevo por ahí" ? Madre Teresa de Calcuta


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