Ayúdame Señor


Señor, ayúdame a decir la verdad, delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el
aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la felicidad…
Si me das fuerza, no me quites la razón…
Si me das éxito, no me quites la humildad…
Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver el otro lado de la moneda.
No permitas que me acusen de traición, simplemente por no pensar igual a los demás.

Enséñame a amar a la gente como a mí mismo y a juzgarme como juzgo a los demás.

No me dejes caer en el orgullo del triunfo, ni en la desesperación del fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia a través de la cual se accede al triunfo.

Recuérdame que perdonar es la grandeza del fuerte, y que la venganza es la señal primitiva del débil.

Si me quitas la fortuna: déjame la esperanza.

Si me quitas el éxito: dame la fuerza para aceptar el fracaso y seguir confiando en Tí.

Si yo fallara a la gente: dame el valor para disculparme humildemente.

Si la gente fallara conmigo: dame el valor para perdonar sinceramente.

Señor, haz que nunca me olvide de Ti.
Porque sé que Tú no te olvidas de mí.

"Mis padres podrán abandonarme, pero tu me adoptarás como hijo" Salmo. 27:10

CERRANDO PUERTAS



Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú. Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.
¡Esa es la vida!

Paulo Coelho

Vas a Llegar!


Nadie alcanza la meta con un solo intento... ¡Ni perfecciona la vida con una sola rectificación!... ¡Ni alcanza altura con un solo vuelo! Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces...

Nadie recoge cosecha, sin probar muchos sabores... enterrar muchas semillas... ¡y abonar mucha tierra!

Nadie mira la vida, sin acobardarse en muchas ocasiones... Ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad... ¡Ni llega a puerto sin remar muchas veces!

Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas... Ni recoge rosas, sin sentir sus espinas... ¡Ni forma hogar sin prolongarse en otros!

Nadie hace obra, sin martillar sobre su edificio... Ni cultiva amistad, sin renunciar a si mismo. ¡Ni se hace hombre, sin sentir a Dios... ¡Nadie llega a la otra orilla, sin haber ido haciendo puentes al pasar!...

¡Nadie se hace un rió caudaloso, sin entroncar con muchos afluentes!

¡Nadie deja su alma lustrosa sin el pulimento diario de Dios!

¡Nadie se viste de príncipe, sin haberse puesto el traje de faena muchas veces!... ¡Nadie llega al final, sin que le hayan cortado el camino, muchos tramos!...

¡Nadie recoge buen fruto, sin esperar la estación de lloverle y madurarlo!

¡Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad!...

¡Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible!... ¡Nadie conoce la oportunidad, hasta que pasa por su lado... y la dejan ir!

¡Nadie encuentra el pozo de Dios, hasta caminar por la sed del desierto!...

¡Nadie acepta cargar una cruz, hasta que Dios se la acomoda!... ¡y se ve que puede resistirla! ¡Nadie enciende su luz, sin haber tenido la mecha dentro mucho tiempo!

Nadie se salva del naufragio, sin haberse tragado mucha agua... ni saca a relucir un sueño sin haberle dado forma bajo sus alas... Ni crea una novedad, sin que le salte la duda de un disparate...

Ni deja de fallar cuando tiene mucho que decidir... Ni es una bujía tan segura, ¡que no sienta en algún momento deseos de retroceder! Nadie es luz que no parpadee... ni torre que no se mueva... ni pájaro que no se asuste... ni vida que no se atemorice... ni fortaleza que todo lo resista...

Pero nadie deja de llegar, cuando tiene la claridad de un don... El crecimiento de su voluntad... la abundancia de la vida... El poder para realizarse... ¡Y el impulso de Dios!

¡Nadie deja de arder con fuego dentro!... Nadie deja de llegar, cuado se lo propone! "Si saca todo lo que tienes...
"¡Vas a llegar!"

Autora: Zenaida Bacardí de Argamasilla

Instrucciones para la Vida


Un día le pedí a Dios instrucciones
para vivir en esta tierra...
Dios acercó su voz a mi oído y me dijo:
Sé como el sol:
Levántate temprano y no te acuestes tarde.
Sé como la luna, brilla en la oscuridad, pero sométete a la luz mayor.
Sé como los pájaros, come, canta, bebe y vuela.
Sé como las flores,
Enamoradas del sol, pero fieles a sus raíces
Sé como el buen perro obediente, pero nada más a su Señor.
Sé como la fruta,
Bella por fuera, saludable por dentro.
Sé como el día,
Que llega y se retira sin alardes.
Sé como el oasis,
Da tu agua al sediento.
Sé como la luciérnaga,
Aunque pequeña emite su propia luz.

Sé como el agua,
Buena y transparente.
Sé como el río,
Siempre hacia adelante.
Y por sobre todas las cosas,
Sé como el cielo:
La morada de Dios.
Enséñame a hacer tu voluntad,
porque tu eres mi Dios,
tu Espíritu bueno me guíe
a tierra de rectitud.

Señor, no permitas que me quede donde estoy.
Ayúdame a llegar a donde tú esperas que llegue.
Anónimo

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Pato o Águila?

Rodrigo estaba haciendo fila para poder ir al aeropuerto.
Cuando un taxista se acercó, lo primero que notó fue que el taxi estaba limpio y brillante. El chofer bien vestido con una camisa blanca, corbata negra y pantalones negros muy bien planchados, el taxista salió del auto, dio la vuelta y le abrió la puerta trasera del taxi.
Le alcanzo un cartón plastificado y le dijo: yo soy Willy, su chofer. Mientras pongo su maleta en el portaequipaje me gustaría que lea mi Misión.
Después de sentarse, Rodrigo leyó la tarjeta: Misión de Willy: “Hacer llegar a mis clientes a su destino final de la manera mas rápida, segura y económica posible, brindándole un ambiente amigable”
Rodrigo quedó impactado. Especialmente cuando se dio cuenta que el interior del taxi estaba igual que el exterior, limpio sin una mancha.
Mientras se acomodaba detrás del volante Willy le dijo, “Le gustaría un café? Tengo unos termos con café regular y descafeinado”. Rodrigo bromeando le dijo: “No, preferiría un refresco” Willy sonrío y dijo: “No hay problema tengo un hielera con refresco de Cola regular y dietética, agua y jugo de naranja”. Casi tartamudeando Rodrigo le dijo: “Tomaré la Cola dietética”
Pasándole su bebida, Willy le dijo, “Si desea usted algo para leer, tengo Etiqueta Negra, Caretas, El Comercio y Selecciones”
Al comenzar el viaje, Willy le pasó a Rodrigo otro cartón plastificado, “Éstas son las estaciones de radio que tengo y la lista de canciones que tocan, si desea escuchar la radio”
Y como si esto no fuera demasiado, Willy le dijo que tenía el aire acondicionado encendido y preguntó si la temperatura estaba bien para él. Luego le avisó cuál sería la mejor ruta a su destino a esta hora del día.
También le hizo conocer que estaría contento de conversar con él o, si prefería, lo dejaría solo en sus meditaciones.
“Dime Willy, le pregunto asombrado Rodrigo- siempre has atendido a tus clientes así?”
Willy sonrió a través del espejo retrovisor. “No, no siempre. De hecho, solamente los dos últimos años. Mis primero cinco años manejando los gasté la mayor parte del tiempo quejándome igual que el resto de los taxistas. Un día escuché en la radio acerca del Dr. Dyer un “gurú” del desarrollo personal. El acababa de escribir un libro llamado “Tú lo obtendrás cuando creas en ello”. Dyer decía que si tú te levantas en la mañana esperando tener un mal día, seguro que lo tendrás, muy rara vez no se te cumplirá. El decía: Deja de quejarte. Sé diferente de tu competencia. No seas un pato, sé un águila. Los patos sólo hacen ruido y se quejan, las águilas se elevan por encima del grupo”.
“Esto me llegó aquí, en medio de los ojos”, dijo Willy. “Dyer estaba realmente hablando de mi. Yo estaba todo el tiempo haciendo ruido y quejándome, entonces decidí cambiar mi actitud y ser un águila. Miré alrededor a los otros taxis y sus choferes, los taxis estaban sucios, los choferes no eran amigables y los clientes no estaban contentos. Entonces decidí hacer algunos cambios. Uno a la vez. Cuando mis clientes respondieron bien, hice más cambios”.
“Se nota que los cambios te han pagado”, le dijo Rodrigo.
“Sí, seguro que sí”, le dijo Willy. “Mi primer año de águila dupliqué mis ingresos con respecto al año anterior. Este año posiblemente lo cuadruplique. Usted tuvo suerte de tomar mi taxi hoy. Usualmente ya no estoy en la parada de taxis. Mis clientes hacen reservación a través de mi celular o dejan mensajes en mi contestador. Si yo no puedo servirlos, consigo un amigo taxista águila confiable para que haga el servicio”.

Willy era fenomenal. Estaba haciendo el servicio de una limusina en un taxi normal.
Posiblemente haya contado esta historia a más de cincuenta taxistas, y solamente dos tomaron la idea y la desarrollaron. Cuando voy a sus ciudades, los llamo a ellos. El resto de los taxistas hacen bulla como los patos y me cuentan todas las razones por las que no pueden hacer nada de lo que les sugería.
Willy el taxista, tomó una diferente alternativa :
El decidió dejar de hacer ruido y quejarse como los patos y volar por encima del grupo como las águilas.
No importa si trabajas en una oficina, en mantenimiento, eres maestro, Un servidor publico, político, ejecutivo, empleado o profesionista, ¿Cómo te comportas? ¿Te dedicas a hacer ruido y a quejarte? ¿Te estás elevando por encima de los otros?

Recuerda: ES TÚ DECISIÓN Y CADA VEZ TIENES MENOS TIEMPO PARA TOMARLA
Que tus problemas sean menos, tus Bendiciones más y que sólo la Felicidad entre por tu puerta