No digas: No puedo.


Nuestra mente es como un disco duro en el que se van grabando mensajes y después actuamos conforme a ellos.

Si te insultas con palabras como tonto (a) o estúpido (a) cuando algo no te sale bien, lo que estás haciendo es faltarte al RESPETO y con eso en lugar de corregir tus errores, los agravas porque en tu interior estás creyendo lo que te dices y, por lo tanto, tu conducta es torpe. Si en cambio, crees en ti, te perdonas cuando te equivocas y tratas de hacer las cosas de otra manera la próxima vez, todo te saldrá mejor. Prueba pensar con amor hacia tu persona.

Además no hay que identificar nuestras conductas con nuestro ser. Por encima de todo, eres una persona maravillosa, que como todas las personas tienes derecho a equivocarte. Si a un amigo lo aprecias no lo insultas. ¿Porqué te insultas tú? Hazte un favor, date un abrazo lo más fuerte posible y di: “gracias por estar conmigo”, “te quiero y valoro porque eres tú mismo (a) ”.

Ahora propónte trabajar en las cosas positivas que tienes como tus talentos (por ejemplo, si te gusta un deporte, escribir, estudiar, etc.) y en tus cualidades como persona, como ser un buen (a) amigo (a), ser sincero(a), paciente, perseverante, etc. Es decir, piensa simplemente en las cosas que te agradan de ti. Cree en ti mismo (a) y en las cosas que puedes lograr.

Tú puedes ser tu mejor consejero. La próxima vez que estés a punto de insultarte di: “fue mi conducta la que no me gusto, mi valor como persona es a parte y sigo siendo especial y maravilloso (a).”
“Puedes ser tu mejor amigo y aprender a amarte y cuidarte bien. Y eso es la base para cualquier cosa que quieras ser y hacer en la vida”. (Palmer y Alberti, 1992: 35) ¿No es eso vanidad? Quererse a sí mismo no es vanidad.

Si quieres llevarte bien con los demás y corresponder con amor a tu familia, debes de empezar por ti mismo (a), porque, ¿cómo vas a dar amor o amistad sino lo experimentas primero contigo mismo(a)? Esto no quiere decir que te conviertas en egoísta, tú vales mucho pero también los demás.


Por ejemplo, así como tú puedes pedir que se te respeten tus derechos tales como decir lo que piensas libremente, expresar tus sentimientos, tener intimidad, ser escuchado, poseer el control de tu cuerpo, pedir lo que quieres o tener responsabilidades y saber asumir las consecuencias de tus actos, también los demás poseen tales derechos y debes saber respetarlos.

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